En el año 2020 sentí la necesidad de expresarme de forma diferente, de buscar nuevos lenguajes. La fotografía, que había sido el medio al que había dedicado mi hacer, delineó silenciosamente mi camino hacia la tridimensión.   

Explorar, incluir mi propio cuerpo, era una dirección, casi un riesgo, que quería tomar: crear diferentes texturas, anudar, rasgar; aprender situada en otro lugar. Sentía la necesidad también de ahondar saberes no sólo en lo práctico, sino también en lo teórico.   

Así comencé con un lino crudo y unas puntadas negras que trazaban un recorrido sin ningún patrón. Puntadas lentas e inseguras dentro de un bastidor. Este lino se convirtió en mi compañero de viaje.  Hoy hilos, telas, cuerdas, mecates, papeles, y hasta raíces, son mis materiales de trabajo. 

El proceso textil se ha convertido en una pasión, se ha ido transformando, y me ha ido transformando a la vez. Construyo y me deconstruyo, como bien dice Aristóteles: Las manos nos hacen humanos, son el verdadero regalo de los dioses.